“Después de toda una vida de autosuficiencia y de independencia

a nadie le gusta que le digan que ya no debe vivir solo”

La pérdida de autosuficiencia y de intimidad son los principales frenos que un anciano tiene que superar para aceptar a un cuidador.

La mayoría de las personas mayores de 65 años viven en pareja, de hecho, todos conocemos a parejas octogenarias que siguen viviendo solos, los hijos ya se independizaron y debido a su avanzada edad el día a día comienza a ser cada vez más complicado.

Las tareas rutinarias, la continuidad de la vida normal, como hacer la comida, limpiar la casa o asearse, se convierte en una serie de obstáculos que van restando calidad a sus vidas.

El aumento de la esperanza de vida, que en España es de 83 años según los últimos datos del INE, unido a un ritmo de vida cada vez más frenético son los principales motivos por los que las familias no les dedican más tiempo a sus mayores y los ancianos tienen que ser conscientes de que necesitan ayuda.

Existen varios recursos, residencias, centros de día, ayuda a domicilio y muchas variables a tener en cuenta, precio, preferencias, nivel de autonomía, necesidades.

Propuestas y soluciones, poder elegir.

Una solución que cada vez más se contempla, es la posibilidad de contratar un cuidador para que acompañe y ayude a los ancianos durante esas horas que las familias no pueden. El problema surge cuando los mayores se resisten a que un profesional les eche una mano en sus tareas cotidianas.

Lo mejor es intentar que entiendan que un cuidador les va a facilitar la vida. Lo principal es que nuestros mayores sean conscientes de sus necesidades, ya que si no admiten que necesitan ayuda nunca la aceptarán por mucho que la familia lo haga con la mejor de las intenciones.

No son muchas las personas mayores las que se dan cuenta de esta necesidad, por eso en la mayoría de las ocasiones siguen siendo los hijos, nietos o una persona cercana la que identifica las principales tareas en las que pueden necesitar ayuda.

A veces hay que comenzar con pequeñas tareas y pocas horas e implicando a las personas que van a recibir la ayuda. El objetivo es que no lo identifiquen como una intromisión en sus vidas ni se sientan menos valorados.

El objetivo final es que sigan con sus vidas normales, pero contando con la ayuda justo en la medida en que lo necesitan. Para ello, la labor del cuidador es esencial, personas con cualidades profesional y experiencia para motivar y hacerles sentir lo más cómodos posibles.

Personas mayores dependientes.

Son los problemas cognitivos en muchos casos los más difíciles de detectar y en ocasiones la ayuda no es una opción sino una necesidad imperativa.

Son casos en los que es recomendable trabajar con rutinas que acostumbren a los ancianos al cuidador y asimilar que son profesionales que van a cuidar de ellos.

En casos de enfermedades cognitiva degenerativas como alzhéimer o demencia debemos encontrar un cuidador especializado. Se trata de cuidadores con habilidades como la paciencia y capaces de proporcionar altas dosis de cariño, pero sobre todo experiencia.

Por eso en Bienestar Familiar es tan importante conocer bien las necesidades de las personas mayores, las familias y encontrar a los cuidadores más cualificados y experimentados para cada caso, estas son las claves con las que trabajamos.

¡Infórmate en Bienestar Familiar, tu ayuda de confianza!